Raíces En voz propia Revista Cambio
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Raíces
Revista Cambio, septiembre. 2007
Por ALEJANDRO ALVARADO / Foto ELOY VALTIERRA

Mi cuerpo es un espacio que representa autonomía. Yo decido cómo moverme y lo que debo enseñar de mi cuerpo. Yo decido cómo quiero ser tratada por la gente. A fin de cuentas, yo soy quien tiene la única palabra de mis decisiones. Eso me convierte en un ser libre. Las intromisiones del gobierno actual en la vida privada de las personas atenta contra los derechos de los ciudadanos, los cuales deberían ser sagrados. Me refiero al rechazo a los homosexuales, a la campaña contra el aborto, al programa mochila segura, y a la prohibición del uso del condón y el disfrute de la sexualidad, como sugirió el gobernador de Guadalajara. Estas acciones del gobierno van precisamente en contra de mis creencias y son una vergüenza para el país. Me parecen maravillosas las personas que defienden su libertad, su forma de organización; la forma en que funcionan las cosas hacia dentro de los espacios de sus comunidades. Eso es una manifestación de autonomía. Cuando un Poder o una iglesia quiere imponer su criterio (el cual normalmente es el menos correcto) a los demás, me parece una falta de respeto y un atrevimiento detestable.

Soy una mujer sensual, pero también tímida, con muchas facetas. Mi cuerpo, por un lado, es infantil, y, por el otro, es el de una mujer. Soy una mujer dentro de un cuerpo de niña, a la que le gusta ser bien tratada. En la violencia no reacciono correctamente. Me gustan los alimentos de sabor exquisito, el amor, el yoga. Me fascina la danza. Disfruto cada posibilidad de transformarme. Me gusta la suavidad y la sutileza, vestirme y, por supuesto, desvestirme en el momento correcto. No tolero la imposición en ninguna de sus formas, y mucho menos en mi cuerpo. No tolero nada que duela, nada que me lastime, por dentro o por fuera.